En los últimos años ha ganado fuerza un fenómeno conocido como dupe culture, una tendencia que consiste en lanzar productos que imitan de forma muy evidente a marcas líderes sin llegar a ser copias exactas.
No se trata de falsificaciones, sino de artículos que reproducen códigos visuales, nombres evocadores, envases o posicionamientos muy similares, aprovechándose del reconocimiento previo de la marca original.
En el sector de la alimentación, donde la decisión de compra es rápida y altamente visual, esta práctica plantea importantes retos legales y estratégicos para las marcas que han invertido durante años en construir una identidad propia.
Qué es realmente la “dupe culture”
Un dupe no es una falsificación. No pretende engañar al consumidor haciéndole creer que está comprando el producto original. El dupe juega en un terreno mucho más sutil ya que reproduce códigos visuales, nombres evocadores, colores, tipografías o estructuras de envase que recuerdan claramente a una marca conocida, pero sin copiarla de forma literal.
En alimentación, esto se traduce en productos que imitan:
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La apariencia del envase
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El tono del naming
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El posicionamiento “premium” o “saludable”
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El lenguaje visual de la marca líder
Todo ello con un precio inferior y una propuesta que se apoya en la comparación implícita: “esto es como el original, pero más barato”.
Por qué la alimentación es especialmente vulnerable
El sector alimentario reúne varias condiciones que lo convierten en terreno muy fértil para la dupe culture. Por un lado, es un mercado de gran consumo, con decisiones de compra rápidas y basadas en estímulos visuales. Por otro, la proliferación de marcas blancas y nuevas marcas digitales ha normalizado la imitación estética como herramienta competitiva.
Además, muchos productos alimentarios comparten categorías muy similares (bebidas vegetales, snacks saludables, proteínas, suplementos, productos “bio”), lo que facilita que las diferencias se diluyan en el lineal.
El resultado es un entorno donde la confusión visual puede no ser explícita, pero sí suficiente para aprovecharse del posicionamiento ajeno.
El riesgo ocurre cuando el “dupe” deja de ser inocente
Desde el punto de vista jurídico, el problema no es si un producto es más barato o si se inspira en otro. El verdadero riesgo aparece cuando esa inspiración afecta a los elementos distintivos de una marca.
Aquí entran en juego conceptos clave de la propiedad industrial como:
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Riesgo de confusión o de asociación
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Aprovechamiento indebido de la reputación ajena
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Dilución de la marca notoria o renombrada
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Infracción del trade dress (imagen global del producto)
Tal y como recogía recientemente un análisis legal publicado por Reuters, cada vez más tribunales están prestando atención no solo al nombre de la marca, sino a la experiencia visual completa que percibe el consumidor.
En alimentación, esto es especialmente relevante porque el envase y la presentación forman parte esencial de la decisión de compra.
El trade dress o la imagen global del producto
Uno de los puntos más delicados en los conflictos por dupes es el trade dress, es decir, la apariencia global del producto, contando con la combinación de colores, forma del envase, disposición de textos, iconografía, estilo gráfico y sensaciones transmitidas.
Muchas marcas alimentarias invierten años y grandes presupuestos en construir una identidad reconocible, pero no siempre la protegen adecuadamente. El resultado es que, cuando aparece un dupe, la defensa legal se complica si no existe una estrategia clara de protección previa.
Porque no basta con tener una marca registrada. En muchos casos, es necesario demostrar que ese conjunto visual tiene carácter distintivo y que el consumidor lo asocia directamente con un origen empresarial concreto.
Pero… ¿por qué proliferan los dupes?
La lógica es clara. Crear una marca desde cero es caro y arriesgado. Imitar los códigos de una marca ya posicionada reduce el esfuerzo educativo y acelera la entrada en el mercado.
Además, el consumidor actual está cada vez más habituado a comparar. En algunos segmentos incluso se ha normalizado la idea de que el dupe es una opción “inteligente” o “práctica”, lo que complica aún más la defensa reputacional de la marca original.
El problema es que esta dinámica, llevada al extremo, puede erosionar el valor de marca de quien ha hecho la inversión inicial.
El impacto real sobre las marcas líderes
El daño que provoca la dupe culture no siempre se mide en ventas perdidas a corto plazo. En muchos casos, el perjuicio es más profundo y más peligroso llegando a la pérdida de la esencia de la marca.
Cuando una marca deja de ser única visualmente, pierde parte de su capacidad de justificar un precio superior, de diferenciarse y de sostener su posicionamiento. Esto afecta directamente a su valor como activo intangible.
Además, si la marca no actúa frente a estas prácticas, corre el riesgo de sentar un precedente. La pasividad puede interpretarse como tolerancia, debilitando futuras acciones legales.
Qué pueden hacer las marcas de alimentación
Ante este escenario, las marcas de alimentación deben adoptar una visión mucho más estratégica de la propiedad industrial. No se trata solo de registrar un nombre, sino de proteger un ecosistema completo de signos distintivos.
Esto implica, entre otras cosas, trabajar de forma coordinada entre marketing y legal, auditar periódicamente el uso de la marca en el mercado y anticiparse a posibles imitaciones antes de que se consoliden.
La dupe culture no va a desaparecer. Forma parte del contexto competitivo actual. La diferencia estará entre las marcas que reaccionan tarde y las que entienden que su identidad visual y su posicionamiento son activos que deben protegerse con la misma seriedad que cualquier otra inversión estratégica.
En resumen, la dupe culture plantea uno de los mayores retos actuales para las marcas de alimentación donde competir en un entorno donde la imitación estética se normaliza, pero el valor de la marca sigue siendo clave.
La línea entre inspiración e infracción es cada vez más fina, y los tribunales están empezando a mirarla con lupa. Para las marcas, el mensaje es claro, ya que quien no protege su identidad, se arriesga a perderla.
En un mercado saturado, ser reconocible no es suficiente. Hay que ser defendible. Cuenta con Get One Mark para ello.

